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Compartir mesa y mantel: el cuándo es lo de menos

El plato principal de cualquier comida no es el primero, ni el segundo, ni el postre. El que de verdad importa es la comunicación. Y es ese, y no otro, el que más debemos cuidar. Pero en estos tiempos de agendas repletas de compromiso, encontrar un hueco entre semana en mitad del día para concitar a la familia alrededor de la mesa es tarea imposible. Eso no significa que debamos desistir en nuestro intento: basta con ser creativos y, con unos cuantos trucos, fomentar esas comidas familiares en momentos que sean más propicios.

Lo más natural es la cena. Pero si queremos hacer de este momento el de especial relevancia, tanto en comunicación como en nutrición, hemos de tener en consideración algunos detalles importantes. El primero es que conviene adelantarla tanto como nuestros horarios nos lo permitan. El motivo es simple: no podemos tener una cena cuidada y rica nutricionalmente cinco minutos antes de irnos a la cama. Además, si cenamos demasiado tarde, tendremos la sensación de la urgencia por levantarnos e irnos a dormir porque a la mañana siguiente nos reclaman los colegios y los trabajos. Lo ideal, si tenemos en cuenta los horarios españoles, es poder cenar hacia las 20:00. En los colegios se suele pasar al comedor relativamente pronto (hacia las 13:00 en Infantil y Primaria, hacia las 14:00 en Secundaria), de modo que ha pasado tiempo suficiente para que sea un buen momento para cenar.

Adelantar la cena

Para muchos padres, adelantar la cena también les ayuda a gestionar mejor las “demandas” de su estómago. Es cada vez más frecuente comer algo rápido y ligero para potenciar las jornadas continuadas y evitar perder tiempo al mediodía. Como muchos adultos no toman merienda, cuando llegan a casa tienen bastante apetito. Si la cena está próxima, es más fácil que eviten caer en el tentador picoteo poco beneficioso.

Cuando nos sentamos, las cenas tienen que ser cuidadas y acordes con lo que los niños han comido en el colegio para que la semana quede equilibrada.

No hace falta que preparemos un menú como el que acostumbran los anglosajones, para quienes es la comida principal del día, pero sí debemos evitar caer en platos demasiado sencillos, como una simple tortilla francesa. Tenemos que ser creativos para introducir los nutrientes de la mejor manera posible: por ejemplo,
podemos tomar las verduras en quiche o las legumbres en ensalada, menos pesadas que en un plato de cuchara.

Si cenamos pronto, podemos introducir justo antes de dormir una pequeña ‘recena’ donde lo mejor es incorporar un lácteo: un yogur o una taza de leche caliente ahora que el frío arrecia o un poco de queso fresco. Evitaremos pasar tantas horas en ayunas hasta el desayuno y, al mismo tiempo, el consumo de lactosa facilita el sueño.

Desayuno de lujo

Cuando nos planteamos el desayuno como una oportunidad para compartir en familia, mejorar en nutrición y disfrutar de la compañía de todos, es frecuente encontrar dos quejas: “a esa hora no soy capaz de comer nada” y “no me da tiempo”. Es fácil poner solución a las dos. Respecto la falta de apetito a esas horas, queda desmontada por el hecho de que casi nadie se resiste a un delicioso bufé de hotel en el desayuno y somos capaces de comer como no lo haríamos en casa. La diferencia es que allí está todo bien preparado y presentado.

Y sobre la falta de tiempo, con solo dedicarle unos minutos antes de ir a dormir, podemos dejar la mesa del desayuno ya bien dispuesta. Si descongelamos buen pan de panadería por la noche, tendremos tostadas saludables por la mañana. Incluso podemos dejar algo de fruta cortada si la rociamos con un poco de limón para que no se oxide. Y podemos ir variando con imaginación los menús para que los niños no se cansen: distintas mermeladas –mejor caseras y si han participado en su elaboración–, embutido otros días, aceite, un poco de atún con tomate, unos cereales poco azucarados… Es especialmente enriquecedor salir de casa después de haber compartido un rato en familia.

Este artículo fue publicado originariamente en el nº 67 de la revista Hacer Familia.

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