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El trabajo y el «gobierno de las tripas»

¿Por qué son tan frecuentes las molestias digestivas? ¿Qué alimentos o, más bien, qué situaciones son las causantes de estas molestias? ¿Cómo podemos evitarlas?

Voy, por una vez, a llevar respetuosamente la contraria a la Sagrada Escritura, concretamente a san Pablo que, movido por el cariño a su discípulo Timoteo, le ruega: «En adelante, no bebas más agua sola, sino toma un poco de vino a causa de tu estómago y de tus frecuentes enfermedades» (1 Tim 5,23). Ese era uno de los remedios dietéticos no muy acertados de la medicina de su tiempo ante un mal ya entonces frecuente: los problemas digestivos, de los que nos vamos a ocupar en este artículo desde la perspectiva nutricional.

Entre los platos especialmente indigestos tenemos a aquellos de naturaleza grasa: conservas de pescados azules, preparaciones que contienen bechamel, alimentos fritos en aceites recalentados o de baja calidad, huevos duros y leche entera. Otro grupo de alimentos que provocan digestiones pesadas son los cítricos (zumos de naranja, pomelo o limón), sobre todo cuando se toman en ayunas. También hay que incluir aquellas preparaciones culinarias que, además de tener una alta carga calórica, están muy aliñadas. Este es el caso de los potajes clásicos (cocidos, fabadas, etc.) y de la mayoría de los platos precocinados.

En cualquier caso, conviene recordar una vez más que no se trata de desterrar alimentos de nuestra dieta, sino de racionalizar su consumo. También conviene tener presente que muchas de las molestias digestivas proceden, no tanto de la «digestibilidad» del alimento que se haya ingerido, sino de la forma de comerlo. En la consulta, son muchos los pacientes que comen «en diez minutos» o incluso que no se sientan a comer porque no tienen «tiempo de parar». Estas prisas en las comidas suelen producir aerofagia y malas digestiones por falta de salivación.

También son frecuentes aquellos que comen «lo primero que pillan» y todos sabemos que cuando no existe una planificación de la dieta se acaba abusando de alimentos no demasiado recomendables. Este tipo de situaciones repetidas, uno y otro día, terminan por minar el aparato digestivo más saludable. No me cansaré de repetir que las comidas no son una mera ingesta de nutrientes; son también, y no de manera meramente secundaria, un momento ideal para fomentar la comunicación y para el descanso. Son pequeñas paradas que permiten a nuestro cuerpo recuperar energía física y a nuestra mente, descansar y rebajar el nivel de estrés. Así lo entiende nuestro personaje más universal, Don Quijote: «El trabajo no se puede llevar sin el gobierno de las tripas». He indicado en no pocas ocasiones que una de las mejores maneras de evitar las molestias digestivas es habituarse a más comidas diarias con menos contenido en cada una.

Lo dice nuevamente don Alonso Quijano: «Come poco y cena más poco, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago».

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