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Lactancia y el primer año del bebé

Hace un par de semanas hablamos sobre la alimentación en el embarazo. En esta segunda entrega del coleccionable «Qué debemos comer en cada etapa de nuestra vida» abordamos el tema de la lactancia. 

El periodo de lactancia es uno de los de más críticos del ciclo vital en cuanto a la alimentación, ya que el crecimiento es extremadamente rápido. En nuestro entorno pueden darse ciertas deficiencias nutritivas que son fácilmente subsanables con una adecuada información a los padres.

Sole leche hasta el tercer mes

Desde el momento del nacimiento, la leche es el único alimento capaz de aportar al recién nacido las sustancias nutritivas para cubrir todas sus necesidades. La leche materna presenta el porcentaje y el equilibrio adecuados, pues la lactancia artificial parte de leche de vaca a la que se modifica sus propiedades haciéndola lo más parecida posible a la anterior.

Salvo algunas excepciones, todas las madres pueden lactar a su hijo, dependiendo el éxito de factores como: el deseo y convencimiento de la madre de poder lactar; la succión del bebé, que estimulará la secreción; y la alimentación de la madre, que permitirá la producción de leche en cantidad y calidad suficientes para alimentar al bebé.

Durante el período de lactancia las necesidades nutricionales de la madre lactante son superiores a las del embarazo. Hay que tener en cuenta que elaborar un litro de leche supone un gasto adicional de 700 kilocalorías, así como unas necesidades incrementadas de aquellos nutrientes que intervienen en la producción de la leche materna: vitaminas, calcio, fósforo y agua.

¿Cuál es la dieta aconsejable?

  • La ingesta diaria de agua o líquidos como leche, caldos, infusiones o zumos no azucarados, no debe de ser inferior a los dos litros.
  • La de leche o derivados lácteos no debe de ser inferior a un litro. Hay que tener en cuenta que un vaso de leche equivale a dos yogures, o 75 gramos de queso fresco, o 40 gramos de queso curado, o dos natillas, o dos flanes.
  • Evitar ingerir alimentos que puedan “agriar” o modificar sensiblemente el sabor de la leche como pueden ser: la coliflor, la col, la alcachofa, el rábano, el espárrago, la carne de caza, el ajo, la cebolla y los pimientos crudos.
  • No tomar bebidas alcohólicas, estimulantes o azucaradas.
  • Evitar las comidas demasiado condimentadas o demasiado copiosas. Sigue siendo válido el mismo principio que en el embarazo: “No es preciso comer por dos”.

Lo que necesita el bebe

La leche materna y las leches adaptadas de inicio cubren la alta demanda energética del lactante gracias a su alto contenido en grasa (48-55%). Esta ha de ser de fácil digestión. Además, la grasa va a ser el vehículo de las vitaminas liposolubles y el niño necesita pequeñas cantidades de un ácido graso esencial: el linoleico. La leche materna lo contiene en abundancia y suministra del 6% al 9% de las calorías totales en forma de ácido linoleico, mientras que la de vaca aporta del 1% al 2%.

Se puede considerar que hay tres tipos de leche materna:

  1. El Calostro. Es la primera secreción que se produce los primeros días después del parto. Posee unas características especiales, al aportar menos calorías que la leche madura y mayor concentración de sodio, cloro y potasio. Es una secreción hiperproteica debido a la gran cantidad de inmunoglobulina. Además, tiene efecto laxante, ya que ayuda a limpiar el meconio y prepara el tubo digestivo para recibir la leche madura.
  2. La leche de transición. Es más rica en enzimas y grasas, pero menos proteica que el calostro.
  3. La leche madura. Contiene todos los nutrientes necesarios para el desarrollo y crecimiento del lactante.

Ventajas de la leche materna

  • Nutricionales: la leche materna es el mejor alimento para el recién nacido y lactante, ya que se adapta perfectamente a las necesidades nutricionales y a las particularidades digestivas de ese momento. Así, la proteína de la leche materna es más digestiva y de mayor calidad que la de vaca. La grasa se absorbe mejor y presenta altas concentraciones de ácido linoleico, prostaglandinas, ácidos grasos poliinsaturados y vitamina E. La elevada concentración de lactosa, que estimula la producción de ph ácido, y junto al bajo contenido de fósforo, puede inhibir el crecimiento bacteriano y facilitar la absorción del calcio.
  • Inmunológicas: la leche materna, al no precisar prepararse, tiene la ventaja de no estar contaminada. El factor bífido de la leche materna puede inhibir la proliferación de ciertos organismos patógenos creando un medio ácido en las vías gastrointestinales. Contiene anticuerpos (inmunoglobulinas A, G, M), que sirven para inmunizar al lactante contra ciertas enfermedades infecciosas; además es menos susceptible de desencadenar reacciones alérgicas.
  • Psicológicas: la madre que amamanta a su hijo obtiene satisfacción al percibir que es la fuente de la nutrición de su hijo. Siente que le da al niño, lo mejor de ella misma, a la vez que en el ritual del amamantamiento se establecen unos lazos íntimos con el bebé.
  • Otras: la incidencia del cáncer de mama en mujeres que han dado el pecho, es mucho menor que en las que no lo han dado. La lactación ayuda a que el útero vuelva a la normalidad más rápidamente después del parto.

Ventajas de la lactancia artificial

  • Sabemos la cantidad exacta de leche que el bebé está tomando.
  • La madre puede ser tratada con fármacos, sin que esto suponga un riesgo para el niño.
  • El niño puede ser alimentado sin la presencia física de la madre. Este punto es de vital importancia en el actual mundo laboral.
  • La composición cualitativa y cuantitativa de la leche es exacta. No existen las fluctuaciones debidas al momento del día o el estado físico y anímico de la madre.
  • En los casos de niños con intolerancia a la lactosa, alergia a proteínas, etc., el niño se puede alimentar con la correspondiente leche especial.

Inconvenientes de las leches preparadas

  • Al no disponer de anticuerpos, no dan protección al niño frente a infecciones.
  • El riesgo de contaminación es mayor por tener que ser preparada.
  • Es más cara que la leche materna.

¿Cuándo introducimos los alimentos sólidos?

La alimentación complementaria es aquella que se realiza con cualquier alimento distinto de la leche materna o de las fórmulas lácteas. Sin embargo, no es preciso comenzar a dar alimentos semisólidos antes que el lactante pese como mínimo 6 o 7 kg. Los alimentos de esta clase reducen la absorción de hierro procedente de la leche materna, por lo que se recomienda aplazar su introducción hasta los seis meses de edad. En cualquier caso, los alimentos semisólidos se introducen de modo gradual. Cada nuevo alimento se introduce por separado, dejándose cuatro o cinco días antes de comenzar con el siguiente. De esta forma, podremos detectar a tiempo cualquier intolerancia alimentaria. Es recomendable comenzar con los cereales sin gluten (arroz y maíz), luego las frutas, las verduras, la carne, el pescado, el huevo y, por último, la leche de vaca y los derivados lácteos, que no se introducirán hasta llegar al año o, como se empieza a recomendar, hasta los dos o tres años. Es importante recordar que el bebé tiene una capacidad de deglutir bastante limitada, por lo que hay que tener especial cuidado en la textura de los productos. También se deben vigilar los excesos de sal y azúcar, cuando la alimentación es casera.

  • Cereales: se introducen alrededor del quinto mes los cereales sin gluten (arroz, soja, maíz, tapioca) y, a partir del sexto u octavo, se puede empezar con los cereales con gluten (trigo, avena, cebada y centeno). Cuando el niño toma los cereales, experimenta una sensación de mayor saciedad, por lo que es recomendable que sea la última toma del día para que aguante hasta el siguiente.
  • Frutas: la fruta llega a partir del sexto mes siendo la natural la más recomendable. No obstante, su alta acidez produce cierto rechazo en el bebé, por lo que es frecuente sustituirla por preparados comerciales o caseros de frutas cocidas, coladas y sin demasiado azúcar añadido. El plátano suele ser una de las frutas mejor aceptadas por el bebé y conviene comenzar mezclándolo con un poco de leche.
  • Verduras: presentar las verduras en la dieta del niño es difícil por su aspecto y sabor poco atractivos. No se introducirán antes del sexto mes, y en el caso de las verduras de hoja verde (espinacas, acelgas), se esperará hasta el noveno mes, por su alto contenido en nitratos que pueden ser reducidos a nitritos y dar lugar a metahemoglobinemias.
  • Carne: se podrá mezclar cocida en el séptimo mes de vida con verdura. Las carnes aportan proteínas, hierro y algunas vitaminas del grupo B a la dieta infantil. Es conveniente que, al iniciar la alimentación de carne, se haga de forma lenta, dando al niño una cucharadita en el alimento del mediodía para poco a poco, ir aumentando.
  • Pescado: se introduce a partir de los diez meses de vida, mezclado con verdura y cocido. Es aconsejable empezar por pescados magros como la merluza, el lenguado o la pescadilla. También es recomendable utilizar pescado fresco ya que el congelado es más seco y, por tanto, más difícil de deglutir.
  • Huevo: El huevo es un alimento con alto contenido proteico, pero por su alto poder alergizante no se introduce hasta los once o doce meses. Se debe de tomar cocido o en tortilla, comenzando por la yema, ya que la clara es más alergénica.
  • Yogur: Suele introducirse a partir de los once meses y posee una alta aceptación por parte de los bebés. Influye en esta aceptación, su alta digestibilidad, su agradable textura y sabor.

Pedro J. Toranzos, Licenciado en Farmacia, Diplomado en Dietética y Nutrición, Master en Dietética

Este artículo fue publicado originariamente en el nº 306-307 de la revista Hacer Familia.

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